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En este post quise hacer algo parecido a Mike Silvero pero no tendría la misma esencia, puesto que la vivencia no es la misma, mas la intención de compartirla sí.

Era marzo del 2007, luego de Fe y Ciencia íbamos por la segunda semana del Curso de Admisión. Recuerdo que fue un martes cuando conocimos a nuestro profesor de Metodología de la Investigación, quien en principio con una cara de pocos amigos fustigó contra toda la sección 32, y sus dardos verbales fueron más tajantes para los aspirantes a comunicadores (yo entre ellos).  

Me sentí tan atacada cuando dijo que la Publicidad solo servía para promocionar cervezas y el Carnaval, que decidí encarar al docente, no sé si de la mejor manera, porque luego de emitir sonido en respuesta a Verdecchia el aula enmudeció. Fue irónico, porque llevaba puesta una camiseta verde de Heineken en ese momento (que hasta hoy día me lo recuerdan mis compañeros de curso), pero sirvió de alguna manera para que el profesor cambiara la orientación de su discurso y terminó hablándonos de la motivación que cada uno tiene desde la elección de su carrera universitaria hasta el ejercicio de la misma.

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En ese momento, mi motivación estaba intacta, más fuerte que nunca, con el deseo hasta quizás ilusorio de estudiar Ciencias de la Comunicación con énfasis en Marketing y Publicidad, luego Diseño Gráfico o Psicología, para más adelante encabezar una agencia publicitaria propia con conocimientos de redacción, diseño e incluso investigación de mercados que me permitirían desplazar el sistema de trabajo de las duplas creativas y hasta del Media Planner (ilusa).

El sueño seguía ahí como motor de cada tarea académica, pasantía u organización de cada actividad académica dentro de la Facultad de Filosofía y del mismo Departamento de Ciencias de la Comunicación. No en vano llegué a autoproclamarme la reina de las pasantías, puesto que hice muchas, demasiadas, todas tan productivas al punto de luego de cumplir 21 y asistir a una entrevista en Recursos Humanos de A.J. Vierci escuché por parte de mi entrevistada un “la verdad que hiciste muchas cosas para tener 21 años”… No niego que tuve ganas de decirle “bueno, si eso significa que tengo el puesto, ¡dámelo pues!” Bueno, no me contrataron pero seguí en la carrera.

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Hice casi de todo: telemarketing, venta de seguros de previsión o seguros de sepelios (lo cual me adjudicó el apodo de Miss Death gracias a Danilo), venta de cosméticos, mensajera en las Elecciones Generales del 2.008, ocasional periodista para coberturas de prensa varias, catequista (¿?), y no me quejo, valió la pena, porque digamos que los conocimientos adquiridos en cada emprendimiento colaboraron a la biblioteca mental de Todología y sus derivados. Cocinar anga lo que hasta ahora no sé, jaja.

Ya hacia mayo del 2.010, tuve la primera oportunidad en una agencia, sirvió para la experiencia personal más bien porque hasta ahora sigo en contacto con las maravillosas personas que tuve por compañeros y por supuesto, se añadió el golf a los materiales de la biblioteca todológica… como quien dice, subí mi handicap.

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Teeemporada de conejos, teeemporada de patos…

Fue recién en octubre del 2.011 cuando inicié gateando, arrastrando, no sé realmente cómo, mi carrera de Community Manager. Lo único que sabía hacer relativamente bien era redactar (¿?), y bueno, la gerente general y por supuesto gerente comercial de Puntopy vieron no sé qué en mí que tuve el trabajo. Me tuvieron mucha paciencia, a mí y a mis amigos imaginarios. Rescato las hermosas palabras de Joaquín Dicenta al decir que allí obtuve hieles y mieles laborales, puesto que las promociones y sanciones que recibí me ayudaron muchísimo a estar donde estoy. Como dije aquel 12 de abril del 2.013 cuando me despedía con una merienda de cupcakes de todos mis compañeros: “me promovieron, me suspendieron, pero todo lo que aprendí acá no los cambio por nada. Conocer a esta segunda gran familia que es Puntopy fue lo mejor que me pasó en la vida, porque aquí aprendí el verdadero significado del trabajo en equipo y del compañerismo”… entre uno que otro divague más que en el medio de la emoción acerté a emitir. Hasta hoy contacto con mis hermanitos puntopysticos, afortunadamente.

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Acá faltan Karipres, Ema, Emi, Sarita, mamá Vivi, Sensei, Ana banana, Pao, Ever Bieber, Christian, Fitto, Foto (¿por qué no me saqué más fotos con ustedes? Grrr)

¿Y si todo era tan bueno por qué salí de allí? Pues para realizar uno de mis sueños más anhelados desde el Curso de Admisión: trabajar en Biedermann Publicidad. Dado el perfil adquirido como CM en mi anterior trabajo pude calificar al puesto que ofertaban en ese momento. ¡No recuerdo haber estado más feliz! Aunque fue un cambio muy duro a nivel personal porque estaba acostumbrada a un modus operandi distinto al ya dispuesto allí. Costó mucho adaptarse, al punto de salir a discutir con los mismos DGC sobre las políticas de usos de redes sociales, porque sin lugar a dudas las ideas propuestas por los mismos eran espectaculares, pero dadas las reglamentaciones de las plataformas no eran aplicables. Y a eso hay que sumarle las presentaciones de 110 puntos a los clientes que antes de terminarlas eran rechazadas por falta de presupuesto o simplemente porque no les gustaba. Desperté del sueño y caí en cuenta de que esa era la realidad.

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 Les extraño (nio)

La motivación ya no estaba tan intacta como antes, sino que un poco fatigada. Implicó postergar proyectos una vez más (y mi tesina). Esos de los que en principio hablé de tener mi propia agencia y bla bla bla. Conocí ambas caras de la moneda y lamentablemente el valor de las mismas fue devastador.

Mi romance con la Publicidad fue interrumpido porque quizás aún no estaba preparada para una relación seria y de por vida, o ella no lo estaba para mí. No sé qué pensaría Miguel Ángel Verdecchia si leyera estas palabras, tampoco sé si lo hará un día, mas a modo de compensación (muy buena por cierto), retomé una de mis pasiones en un lugar lleno de oportunidades: redacción web en una radio AM. “Y volviste no más a hacer Periodismo vos”, me decía el martes mi mejor amiga mientras merendábamos. Sí, volví. Aparentemente no me voy a desligar más de lo concerniente a lo digital, donde el cambio es una moneda constante.

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Este es mi mundo ahora.

Es cierto, tengo mucho que reaprender, porque mi configuración de CM tiene más peso en mi disco duro que la de periodista, dado que en la primera profesión tengo un poco más de experiencia y capacidad de divagar. Volver a las raíces cuesta un poco, pero para nada es un retroceso, sino más bien una ampliación del volumen periodístico en la biblioteca mental de Todología.

Como toda chica “nueva” en el ambiente, aún me intimida la presencia de grandes referentes de la comunicación, a quienes hoy puedo llamar colegas, ¡qué honor loco!, no podría pedir más. Quien sabe, y en algún momento retomo también el micrófono y lara la lala lala lara lala lara lala ¡armo lío! No mentira, ahora se supone que debo ser una persona seria.

La motivación sigue ahí, y al igual que yo pasó por muchas cosas, pero aún continúa fuerte, solo que para lograr varias metas, decidió cambiar un poco el camino hacia ellas.

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