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Simpático, pero cierto. Meses atrás zumba en mi mente la idea que algunos se hacen con respecto a llamar señora o señorita a una mujer. Googleé gua’u para no improvisar tanto en el divague – ERROR – porque quedé un poco más confundida de lo que ya estaba.

Aclaro que no deseo enfocar el tema desde una perspectiva wolfiana del género porque seguuuuro que más de una luego ya preparó sus balas y metralletas del teclado para acribillarme, pero no, no va por ahí la mano hermana. Tranquila no más que tratados sociológicos, psicológicos y cuestiones similares no lo vas a encontrar acá, solo una opinión… de una divagadora de tiempo completo como yo.

Retomo la interrogante, pero desde el punto de vista de mis ex compañeras del colegio. En contexto, tenemos un grupo de whatsapp de exalumnos – quién no lo tiene – en el que enfatizan la diferencia entre las compañeras que ya son madres o que mantienen una relación estable y… nosotras, las solteras solteronas para algunos cof cof cof. Independientemente a la situación anteriormente expuesta, la cuestión me sigue haciendo ruido porque bien podés tener 5 hijos también, pero comportarte como la persona más inmadura del planeta, y eso precisamente, no te califica como señora. No sé, sigo yo no más. ¿Ahora tengo que tener un hijo para ser admitida en el club? Say what? O a la inversa, haber pasado por adversidades inimaginables a corta edad y antes del tercer decenio de vida presentar tanta o más madurez que una persona que roza la sexta parte del primer tiempo del partido. 

En contrapartida, años atrás, en una reunión de trabajo con un cliente, se trataba de un extranjero que claramente poseía una cultura distinta a la mía, tanto que al iniciar como al finalizar dicha reunión él me llamó señora, eso para mí fue como gol en posición adelantada más o menos, pero luego me indicó que lo hizo en señal de respeto, independiente a mi edad. Conmovida y agradecida yo, “vaya, gracias, ¡qué honor!”, esbocé (fue lo único que pude emitir en ese momento, porque claramente la situación, aunque nimia, me superó).

Otro aspecto que considero importante relativo al tema es el cambio del estado civil para tener en cuenta a la hora de diferenciar al equipo de las señoras del de las señoritas, y por supuesto, los problemas que surgen cuando no sabés cómo llamar a una mujer de cuarenta y tantos que no contrajo matrimonio, ¿cómo encarás eso?, ¿le preguntás así en seco si quiere que le digas señora/señorita o te tirás al agua sin salvavidas? Admito que yo lo hice en un par de ocasiones y no salí muy bien librada, aunque después entre un par de bromas los episodios quedaron olvidados (espero).

Bueno, quedé un poco más mareada de lo que ya estaba antes, pero de todos modos dejo picando la pelota en tu cancha para que lo pienses y luego me cuentes si por respeto, estado civil o condición de maternidad, viudez, lo que sea, te gustaría que se te diga: ¿señora o señorita? En lo que a mí respecta llamame señora por favor, gracias 😉

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